Después de casi una semana de intensos combates a lo largo de su frontera en disputa, Tailandia y Camboya han acordado un alto el fuego inmediato e incondicional, mediado con presión internacional, incluida la de Estados Unidos.
El conflicto, que estalló por un territorio en disputa cerca de antiguos templos, ha causado la muerte de al menos 35 personas, desplazado a cientos de miles y amenazado la estabilidad regional. Ambos bandos se han acusado mutuamente de violar el alto el fuego horas después de su implementación, lo que plantea dudas sobre su durabilidad. La violencia tiene profundas raíces históricas y es alimentada por el sentimiento nacionalista y las maniobras políticas en ambos países.
La comunidad internacional, incluyendo la ASEAN y la ONU, ha llamado a la contención, pero la situación sigue siendo tensa y frágil.
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